lunes, 24 de enero de 2011

RECORRIA TODA GALILEA

Jesús vio a dos hermanos.

Les dijo: Síganme.


Y ellos dejaron las redes y lo siguieron.



Estamos iniciando un nuevo año y con ello se instalan en nosotros, quiérase o no, diversos desafíos y metas para enfrentar y alcanzar en el próximo tiempo. Junto con ello, este el tiempo del descanso y las vacaciones para algunos; en nuestras Comunidades se suscitan campamentos, jornadas, talleres, misiones; otros no tienen la oportunidad de vacacionar, y, por el contrario, se entregan a un trabajo intenso y desgastante (me estoy acordando de los temporeros y temporeras trabajando en ocasiones a pleno sol) y mientras tanto, Jesús que sale al paso de nuestra vida para iluminarnos el camino y darle un sentido a nuestra vida creyente.

En el evangelio de ayer, que la Iglesia proclamó en todo el mundo, se nos muestra a Jesús iniciando su vida pública y desarrollando un intenso apostolado por toda la región de Galilea, específicamente yendo a Cafarnaún (para eso tuvo que dejar Nazaret, su pueblo natal) para anunciar el Evangelio del Reino, curando todas las enfermedades y sanando las dolencias de la gente. Al mismo tiempo, se nos muestra conformando una comunidad llamando a sus primeros apóstoles Pedro, Andrés, Santiago y Juan para que dejen las redes y su antiguo oficio de pescadores y constituirlos en “pescadores de hombres”.

De los inicios de su vida pública, me llama la atención el intenso dinamismo que Jesús le imprime a su apostolado. Sin más, va a todas partes, visita a todos, entra a muchas casas, a todos les tiene un mensaje que predicar, un Evangelio que ofrecer. No se detiene en su marcha y pasa por la vida de muchos para sanar sus corazones y aliviar las dolencias, del cuerpo y del corazón, que les pueden estar oprimiendo y esclavizando. Es Jesús, el apóstol infatigable del Reino, que lleva Buenas Noticias a quienes quieran escucharle y abrirle su corazón.

Esta actitud dinámica y proactiva de Jesús, es un llamado para vencer la tentación de constituirnos en una Iglesia quieta, pasiva, estática y que en su labor evangelizadora puede caer en una cierta parsimonia e indolencia. No podemos esperar que los demás vengan a nosotros, visiten nuestros templos y capillas y adhieran sin más a una Persona y un Mensaje que no se les ofrece y predica. Debemos salir de nuestros círculos habituales, a veces bastante herméticos y cerrados, para recorrer las casas, llegar a todos los corazones y ofrecerles a los demás un Evangelio que sea una nueva luz para sus vidas.

Recorrer toda Galilea hoy, como lo hizo Jesús en su tiempo, nos interpela a construir una Iglesia abierta, dialogante, abierta y propositiva. Una Iglesia que ofrece, que escucha y que es capaz de seducir y encantar. No por Ella misma, sino a través de la Palabra y la Persona persuasiva y atrayente que es el mismo Jesús.



Cada creyente es un invitado hoy día a recorrer su propia Galilea, para hacernos partícipes de este llamado que Jesús hace a los suyos, como un día lo hizo con los primeros apóstoles. Supone dejar las redes (¿qué redes debería dejar hoy?), cambiar de oficio y de estilo de vida y comenzar una aventura de seguimiento y de vida comunitaria, pues seguir a Jesús es entrar a pertenecer a una Comunidad como tal, pues nadie puede seguir al Señor de manera solitaria e individualista.

Anda, pues, a recorrer toda Galilea como lo hacía Jesús en su tiempo, pues en la orilla de tu propio mar, Jesús te ha llamado para ser discípulo y llevar el Evangelio a todos.

No lo defraudes.

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