jueves, 12 de noviembre de 2009

DAR Y DARSE




“Esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera


de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba,


pero ella, de su indigencia, dio todo


lo que poseía, todo lo que tenía para vivir”



Mc. 12, 43-44





Jesús se sentó a mirar como la gente depositaba su limosna en el Templo. Muchos ricos daban en abundancia, pero al Señor esa limosna no le tocó el corazón.



Junto con esa danza de personas que daban abundante limosna, llegó una viuda de condición humilde quien depositó dos pequeñas monedas de cobre, este gesto, sí, que tocó el corazón del Señor. ¿Cuál fue la razón? Muy simple, esta viuda pobre había dado todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir. Los demás, en cambio, dieron lo que les sobraba. No sólo eso, daban para sobresalir y sentirse respetables ante los demás. Sólo cumplían formas exteriores que no nacían del corazón.



Dar cosas, dar dinero, dar nuestro tiempo, es importante, pero darse uno mismo, en toda su dimensión, colocando toda la vida y nuestras proyecciones es mucho más importante y rescatable para el Señor.



Es reconocer que nada nos pertenece, que todo es de Dios y cuando damos algo sólo estamos retribuyendo o devolviendo lo que es de Dios.



Los pobres, esta viuda del Evangelio, han comprendido esta lógica del desprendimiento y del compartir, en cuanto han entendido que toda la vida le pertenece a Dios y que sólo somos administradores de los bienes que podamos poseer. La viuda que dio poco, materialmente hablando, dio mucho existencialmente hablando. Dio lo que necesitaba para vivir, se dio ella misma en toda su plenitud.



Dar y darse por completo, es el aporte cristiano al mundo de la especulación, de los accionistas, de los directorios, de las ganancias extravagantes que algunos logran en desmedro de muchos que apenas tienen para vivir y que sin embargo, son ricos en generosidad y en desprendimiento.



¿Quién no ha visto alguna vez a una mujer pobre, campesina, analfabeta, que abre generosamente su monedero para apoyar una causa a favor de alguien situado en la marginalidad y el abandono?



Cuando se vive en la lógica de la donación y la entrega, el tarro de harina no se agotará, ni el frasco de aceite se vaciará (1R 17, 14 como lo demuestra la viuda de Sarepta que atiende al profeta Elías). Es que todo se multiplica por mil cuando el corazón se ensancha y el amor se hace operativo y eficaz. Es la promesa de Dios.



Dar y darse por entero sin ninguna reserva. Lo demás vendrá por añadidura. Que puede ser ésta una lógica romántica ante una realidad cada vez más individualista, quizás, pero es el camino del Evangelio.



Aprendamos a recorrer este camino. No nos defraudará el Señor.


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