jueves, 1 de mayo de 2014

LA NUEVA COMUNIDAD SOSTENIDA EN EL RESUCITADO

 



 
“Se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza
de los Apóstoles y participar en la vida común,
en la fracción del pan y en las oraciones”

 Hech. 2,42

 
Es evidente que de la fe en el Resucitado, nace la verdadera Comunidad, aquella que estará sostenida e iluminada por el dinamismo que aflora de la experiencia que van teniendo los primeros cristianos, en cuanto Cristo ha resucitado y se a ha aparecido a María Magdalena, la otra María, a Pedro, Juan, a los Apóstoles en su conjunto, y a una amplia gama de hombres y mujeres que van viviendo la experiencia gozosa de sentir que el Señor ha roto el poder de la muerte y ahora se alza victorioso, después de haber sido crucificado injustamente por el poder político y religioso de aquel tiempo.
 
El hecho de la resurrección de Cristo, se torna tan potente que hace que los primeros cristianos  vivan una suerte de viraje fundamental en su estilo de vida y en el modo de ser Comunidad. Es una COMUNIDAD NUEVA, en la que se sostienen relaciones que provocan la admiración de muchos que siguen de cerca los pasos de estos hombres y mujeres que siguen a un tal “Jesús Nazareno”. Es una Comunidad ideal, que también hoy es una interpelación para la construcción de nuestras propias Comunidades Eclesiales.
 
Cuatro rasgos de esta primitiva Comunidad, me parece se ponen como desafíos permanentes a nuestro modo de ser Iglesia, siempre amparada y sostenida en la fuerza de Cristo Resucitado. Ellos son:
 
UNA COMUNIDAD ORANTE Y EUCARISTICA:
 
La Comunidad de los resucitados tiene su ancla fundamental en la fracción del pan, donde, al igual que los discípulos de Emaús, reconocen la presencia real y verdadera del Resucitado que camina a su lado. La eucaristía, ha de ser siempre para cada creyente, el sostén de su vida espiritual. Una Comunidad orante y eucarística, tendrá una mística diferente. Una fuerza nueva para asumir el día a día de nuestra existencia. Un alimento que le ayudará a tener una vida más sólida y menos superficial.
 
UNA COMUNIDAD FRATERNA Y UNIDA:
 
El mandamiento del amor, dado por Jesús en el contexto de la Ultima Cena y del lavado de los pies, se hace más potente en la Comunidad de aquellos que viven de la fuerza del Resucitado. Comunidades diversas, pluriformes, pero no menos unidas y fraternas en torno al Señor y el mandamiento del amor. Un testimonio elocuente HOY ha de ser que nuestras Comunidades sean verdaderas familias, en donde haya espacio para ser “persona”, no un desconocido o simplemente alguien al cual se le ignora.
 
UNA COMUNIDAD SOLIDARIA Y SAMARITANA:
 
Es elocuente cómo los primeros cristianos vivían profundamente este aspecto de la vida comunitaria. Compartían sus bienes, lo repartían según la necesidad de cada uno y nadie pasaba necesidad. Recoger esta enseñanza entre nosotros, cada vez se hace más necesario, especialmente cuando cunde en la sociedad una mirada más bien materialista e individualista. Se trata como ideal de vida, que cada ser humano tenga resguardada su dignidad de hijo de Dios. Ahí donde esté lesionada su dignidad, entonces la Comunidad de los resucitados deberán reeditar el gesto de aquél que no pasa de largo y se detiene para ir en ayuda del que está caído. Gran desafío nos espera.
 
UNA COMUNIDAD APOSTOLICA Y MISIONERA:
 
María Magdalena, los Apóstoles, todos los primeros cristianos no pueden callar lo que han visto y creído. Es el gran tesoro y la mejor noticia jamás nunca experimentada por ellos mismos la cual desean compartir con los demás. Un verdadero termómetro para verificar la “salud espiritual” de la Comunidad, será preguntarnos en qué está el DINAMISMO MISIONERO de nuestra vida. Una Comunidad inmovilizada, quieta, no puede dar cuenta de que en ella HA RESUCITADO EL SEÑOR. Con el Papa Francisco, podemos decir que es preferible una Iglesia herida por salir a la calle, que una Iglesia sana pero replegada en sí misma.
 
Esta nueva Comunidad, sólo es posible crearla o recrearla bajo la experiencia de Cristo Resucitado, ir al sepulcro y tener la gracia de “ver y creer” que ya no está entre los muertos, sino que ha resucitado. En esta experiencia, cambia todo, la persona y la Comunidad.
 
Es la gracia que le pedimos HOY al Señor Resucitado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ayudemos a anunciar a Jesús Resucitado que nos ha dado la vida eterna junto al Padre Dios por el Amor tan inmenso por sus hijos. Conozcámoslo, aceptemos su invitación a seguirlo y a anunciarlo para que también seamos imitadores de las primeras comunidades cristianas en nuestros días.