miércoles, 7 de abril de 2010

¡RESUCITO, ALELUYA!



"Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?
No está aquí, ha resucitado"


Lc. 24, 5-6


La muerte no es el final del camino. No lo fue para Jesús, no lo será para nosotros.

Aparentemente la muerte, había sido el final de una linda historia que se había tejido desde Galilea por Jesús de Nazaret. Ella, disgregó a los discípulos, todos dejaron Jerusalén y volvieron a Galilea con la esperanza derrumbada y con los sueños destruidos. Todo se había acabado. Había sido una linda historia, mas, ahora había que volver a comenzar de nuevo.

En esto estaban los discípulos, las mujeres y los que habían seguido a Jesús, cuando ante sus ojos se fue haciendo evidente otra realidad: CRISTO HABIA RESUCITADO. Se les apareció en innumerables oportunidades y ellos simplemente hicieron el ejercicio de todo creyente: VIERON Y CREYERON.

Esta experiencia de la resurrección de Jesús, que la Iglesia celebra cada día, cada domingo, y en este tiempo de manera más intensa, es de suyo la experiencia fundamental que sostiene la caminata diaria de nuestras comunidades y de cada cristiano.

Con la resurrección de Jesús, todas aquellas experiencias humanas que nos acompañan cada día, como por ejemplo, el dolor, la soledad, las lágrimas, el abandono, la pobreza y las injusticias, ceden su espacio (o deberían hacerlo), a esta nueva experiencia de la VIDA NUEVA que Cristo Resucitado ha incorporado como dato fundamental y definitivo de lo que es nuestra realidad humana.

La resurrección del Señor, nos permite ponernos de pie, salir del sepulcro de nuestras muertes cotidianas, para enarbolar, ahora con esperanza cierta, las banderas de una vida con sentido y proyectada a una realidad que no se puede quedar entrampada en las expresiones de muerte que se dan en nuestro camino cotidiano.

La resurrección del Señor cambió la vida de los apóstoles, de las mujeres y de quienes lo seguían, tanto en cuanto, ellos se dejaron encontrar por el RESUCITADO e hicieron esta experiencia personal de la resurrección. VIERON Y CREYERON y por eso nuevamente fueron capaces de rearmar la comunidad y adquirió sentido la forma nueva de vida que Jesús había predicado en su Evangelio.

Para este tiempo, a veces oscuro y complejo, que nos toca vivir, los cristianos debemos volver a Galilea para encontrarnos ahí con el RESUCITADO y comenzar un camino nuevo, en el cual su Espíritu recorra al ambiente de nuestras comunidades y cada una de nuestras vidas.

Así, la muerte no será el final del camino, sino el penúltimo eslabón en este camino hacia la vida resucitada y resucitadora en la persona del mismo RESUCITADO.



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